El cambio climático, la degradación de nuestro ecosistema y la Covid-19 nos han recordado que necesitamos con urgencia construir planes de recuperación para desarrollar nuevos sistemas de seguridad alimentaria y cadenas de suministro descentralizadas de alimentos.

Este último año, no ha sido más que una excusa para recordar la importancia de invertir en tecnología para los sectores primarios, no solo por la COVID-19, sino también por el cambio climático y la degradación del ecosistema mundial.

Además, las proyecciones de crecimiento poblacional son considerablemente abrumadoras, y solo dejan ver que los recursos naturales que necesitaría el ser humano deben triplicarse en apenas unas décadas. Por tanto, es necesario modificar el estilo de vida actual y optimizar los procesos y recursos empleados en estos sectores.

En el caso de la agricultura, se trata de un sector que consume entorno al 70% del agua dulce del planeta y que utiliza aproximadamente 140 toneladas de fertilizantes al año. Asimismo, la pandemia ha añadido nuevos desafíos al verse interrumpidas las cadenas de suministros, acortando repentinamente las distancias entre los lugares de producción y consumo, generando una nueva necesidad de crear nuevos modelos que equilibren los sistemas agroalimentarios locales y globales, entre zonas rurales y urbanas.

En este momento, la innovación tecnológica ha demostrado ser un buen aliado en diferentes sectores, pero se debe revolucionar el sector agrícola. La agricultura actual ha iniciado un camino guiado por la industria 4.0 que, combinada con las tecnologías tradicionales, está trayendo avances increíbles.

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